Si el título de esta entrada le parece extraño, es
porque no ha leído algo de Ítalo Calvino. Cada capítulo de un libro parece
tener vida propia. No sólo en “las
ciudades invisibles”, sino en su texto cumbre “Si una noche de invierno un viajero” novela anterior. El código se establece al
interior de cada historia, que en definitiva se entreteje una con otra.
Ah, también puede ser que esta entrada del Blog sea la
primera y no la anterior, aunque está también podría ser la última y de ahí
comenzar para atrás o hacía adelante.
Las partes de cada uno de las novelas parecen ser
dispares, desarrollarse por su lado, pero en definitiva llevan a un mismo
lugar. A Calvino se entra con un poco de angustia y expectativa por todo lo que
se dice, por haber leído algo de sus ensayos, por entrar desde algún lado a “Por qué leer a los clásicos" (si es
necesario releer pinche el link
anterior), y sólo por saber que al otro lado de la pluma estuvo él, tras de
todo esto que parece una locura.
“Estás a punto
de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja
de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo
indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la
televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: « ¡No, no quiero ver la
televisión!» Alza la voz, si no te oyen: « ¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me
molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte,
grita: « ¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Ítalo Calvino!» O no lo
digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.
Adopta la
postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de
espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en
la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama,
naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en
postura yoga. Con el libro invertido, claro”
Seguro se lee con rapidez cada línea y hasta se comienza
a hacer caso; Calvino domina hasta corpóreamente. Para acabar de completar con
el tono ascendente del mandato levanta y juega con las cosas que anhela el
lector, tal vez desestimándolo o simplemente como un reto.
“No es que
esperes nada particular de este libro en particular. Eres alguien que por
principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, más jóvenes que tú y menos
jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias; de los libros,
de las personas, de los viajes, de los acontecimientos, de lo que el mañana
guarda en reserva. Tú no. Tú sabes que lo mejor que uno puede esperar es evitar
lo peor. Esta es la conclusión a la que has llegado, tanto en la vida personal
como en las cuestiones generales y hasta en las mundiales. ¿Y con los libros?
Eso es, precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees
que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector
bien circunscrito como el de los libros, donde te puede ir mal o ir bien, pero
el riesgo de la desilusión no es grave”.
Casi que da
un mazazo en la cara para dejar un aturdimiento en el lector. En las ciudades
invisibles al menos da unas pistas iniciales. Las ciudades tienen nombres de
mujeres y se desarrollan por ejes.
De las ciudades
y la memoria, se entra a Diomira, “quien llega una noche de septiembre, cuando
los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez
sobre las puertas de las freiduras, y desde una terraza un mujer grita: ¡uh!,
se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta
y haber sido aquella vez felices”
Diomira
parece ser la mujer del recuerdo común, de todas las personas; en una ciudad
que muchos ya han recorrido y que seguro recuerdan porque no es diferente de
las demás. Puede ser una ciudad cualquiera o puede ser una inexistente que sólo
está en un recuerdo de madrugada.
Luego se
llega a Isidora en medio de ciudades y la memoria, “La
ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a
Isidora se llega a edad avanzada”por
supuesto es la ciudad del anhelo, para llegar a ella se debe hacer un recorrido
extenso por tierras agrestes con un sentimiento de que una ciudad lo espera, a
ella se llega finalmente.
Las ciudades
y el deseo,
se presentan con Dorotea la ciudad que podría ser la de la espera. “Aquella mañana en Dorotea sentí que no había
bien que no pudiera esperar de la vida. (…) pero ahora sé que éste es sólo uno
de los tantos caminos que se me abrían aquella mañana en Dorotea”
Zaira de las ciudades
y la memoria, se compone de los espacios físicos y mentales. De las
relaciones que hay en cada uno de los casos. Podría ser entre los recuerdos,
los conocimientos y los sueños. “La
ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre la medidas de su espacio
y los acontecimientos de su pasado: la distancia hasta el suelo de una farola y
los pies colgantes de un usurpador ahorcado (…) pero la ciudad no dice su
pasado, lo contiene como la líneas de una mano, escrito en las esquinas de las
calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las
antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado
a la vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”.