domingo, 2 de diciembre de 2012

LAS CIUDADES Y LOS OJOS Y LOS SENTIDOS


Describir cada una de las ciudades que describe Marco Polo, es un trabajo nada fácil. Las próximas entradas del blog, también esta, intentarán dar cuenta de las sensaciones que se perciben a través de los afanes de la vida y también después de ella, en este caso será la de la muerte. 

Aquí vale rescatar a Eusapia, diferenciable solo a través de un vistazo de la Eusapia de los muertos.  “No hay ciudad más propensa que Eusapia para gozar de la vida y huir de los afanes. Y para que el salto de la vida a la muerte sea menos brusco, los habitantes han construido una copia idéntica de su ciudad bajo tierra”[1]

¿Para qué, tal vez para no dejar de vivir nunca? Para seguir siendo los mismos bajo tierra. Aunque algunos de ellos piden destinos diferentes en la necrópolis, como cazador de leones u otras profesiones heroicas. ¿Pero podrían entonces los muertos estar moviéndose aún? ¿Cambiando las cosas?

“Dicen que cada vez que descienden encuentran algo cambiado en la Eusapia de abajo; los muertos introducen innovaciones en su ciudad; no muchas, pero sí fruto de reflexión ponderada, no de caprichos pasajeros. De un año a otro, dicen, la Eusapia de los muertos es irreconocible. Y los vivos, para no ser menos, todo lo que los encapuchados cuentan de las novedades de los muertos también quieren hacerlo. Así la Eusapia de los vivos se ha puesto a copiar su copia subterránea”[2]

Las ciudades llegarán a confundirse, la una con la otra, en su afán de perseguirse, de seguir siendo la copia idéntica de la otra; es un espiral que poco deja fuera de su rampante recorrido. La imaginación apunta a la vista de una ciudad como reflejo de la otra en un espejo de agua, sin que se sepa cuál es la real. Al llegar a Eusapia a cuál estaría llegando uno.



“Dicen que esto no ocurre sólo ahora: en realidad habrían sido los muertos quienes construyeron la Eusapia de arriba a semejanza de su ciudad. Dicen que en las dos ciudades gemelas no hay ya modo de saber cuáles son los vivos y cuáles los muertos”[3]

 Viaje por Eusapia

Al final las ciudades se perseguirán unas a otras como en el modelo de la escuadra barroca, como la París del siglo XIX, pero cada vez más cerca de la Bogotá del siglo XXI o  de la Calcuta reciente, de las favelas brasileras... Un modelo a seguir es el de la degradación. Para más vea las noticias o sólo asómese por la ventana.

Lóndres está más cerca de volverse Río de Janeiro, que al revés. En una combinación de ciudades que aún no se han inventado. Para observar el ahora y el futuro observe el próximo link... 




[1] Calvino Ítalo, ciudades invisibles. Pág. 48. Millenium 1999.
[2] Ibídem,
[3] Ibídem, 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Calvino narraciones Ítalo extraordinarias y Las de increíbles



Si el título de esta entrada le parece extraño, es porque no ha leído algo de Ítalo Calvino. Cada capítulo de un libro parece tener vida propia. No sólo en “las ciudades invisibles”, sino en su texto cumbre “Si una noche de invierno un viajero”  novela anterior. El código se establece al interior de cada historia, que en definitiva se entreteje una con otra.

Ah, también puede ser que esta entrada del Blog sea la primera y no la anterior, aunque está también podría ser la última y de ahí comenzar para atrás o hacía adelante.

Las partes de cada uno de las novelas parecen ser dispares, desarrollarse por su lado, pero en definitiva llevan a un mismo lugar. A Calvino se entra con un poco de angustia y expectativa por todo lo que se dice, por haber leído algo de sus ensayos, por entrar desde algún lado a “Por qué leer a los clásicos" (si es necesario releer pinche el link anterior), y sólo por saber que al otro lado de la pluma estuvo él, tras de todo esto que parece una locura.

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: « ¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: « ¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: « ¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Ítalo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.
Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro[1]

Seguro se lee con rapidez cada línea y hasta se comienza a hacer caso; Calvino domina hasta corpóreamente. Para acabar de completar con el tono ascendente del mandato levanta y juega con las cosas que anhela el lector, tal vez desestimándolo o simplemente como un reto.

“No es que esperes nada particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, más jóvenes que tú y menos jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias; de los libros, de las personas, de los viajes, de los acontecimientos, de lo que el mañana guarda en reserva. Tú no. Tú sabes que lo mejor que uno puede esperar es evitar lo peor. Esta es la conclusión a la que has llegado, tanto en la vida personal como en las cuestiones generales y hasta en las mundiales. ¿Y con los libros? Eso es, precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector bien circunscrito como el de los libros, donde te puede ir mal o ir bien, pero el riesgo de la desilusión no es grave”.[2]

Casi que da un mazazo en la cara para dejar un aturdimiento en el lector. En las ciudades invisibles al menos da unas pistas iniciales. Las ciudades tienen nombres de mujeres y se desarrollan por ejes.


De las ciudades y la memoria,  se entra a Diomira, “quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freiduras, y desde una terraza un mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices”[3]

Diomira parece ser la mujer del recuerdo común, de todas las personas; en una ciudad que muchos ya han recorrido y que seguro recuerdan porque no es diferente de las demás. Puede ser una ciudad cualquiera o puede ser una inexistente que sólo está en un recuerdo de madrugada.


Luego se llega a Isidora en medio de ciudades y la memoria,  “La ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora se llega a edad avanzada”[4], por supuesto es la ciudad del anhelo, para llegar a ella se debe hacer un recorrido extenso por tierras agrestes con un sentimiento de que una ciudad lo espera, a ella se llega finalmente.

Las ciudades y el deseo, se presentan con Dorotea la ciudad que podría ser la de la espera. “Aquella mañana en Dorotea sentí que no había bien que no pudiera esperar de la vida. (…) pero ahora sé que éste es sólo uno de los tantos caminos que se me abrían aquella mañana en Dorotea”[5]

Haga un recorrido por Zaira

Zaira de las ciudades y la memoria, se compone de los espacios físicos y mentales. De las relaciones que hay en cada uno de los casos. Podría ser entre los recuerdos, los conocimientos y los sueños. “La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre la medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia hasta el suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado (…) pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como la líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a la vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”.[6]







[1] Calvino Ítalo, Si una noche de invierno un viajero. Pág. 5. Brugera 1980
[2] Ibídem.
[3] Calvino Ítalo, Las ciudades invisibles. Pág. 19. Millenium 1999.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem. Pág. 20
[6] Ibíd. Pág. 21.

lunes, 12 de noviembre de 2012

En busca de Marco Polo y Kublai Kan

LAS CIUDADES INVISIBLES, es una novela de Italo Calvino, escritor cubano. No se presenta como una novela en un orden lineal, sino que parece una serie de relatos tejidos en torno a cinco ejes: las ciudades y la memoria, las ciudades y el deseo, las ciudades y los signos, las ciudades y la forma, y las ciudades sutiles que a su vez se subdividen en otras como las ciudades dobles, las ciudades de los ojos, entre otras que según el mismo Calvino fueron apareciendo en el camino, sin que cupieran en otras clasificaciones.

Los más importante es que el relato se construye a partir de las historias que cuenta un famoso navegante italiano a un jerarca.  Marco Polo se dispone a relatar una serie de viajes al emperador Kublai Kan, o el gran Kan. Nieto de Gengis Kan.

Marco Polo entrega una serie de informes al emperador, acerca de las ciudades que ha visitado. Cada una de esas ciudades tiene un nombre de mujer y en realidad el lector, y de pronto el mismo Kan no sabrá si el navegante veneciano está describiendo una mujer que conoce en medio de sus aventuras o una ciudad a la que efectivamente llega.



Históricamente Marco Polo, que vivió en el siglo XIII, d.C, comenzó una serie de viajes, siguiendo la ruta de la seda, en compañía de sus tíos. Fue encarcelado un poco después de volver a Europa, Italia y después se convirtió en un rico mercader y negociante. Sus familiares, a su muerte, le pidieron que confesara que todas las narraciones de sus viajes habían sido una mentira; pero él se negó diciendo que nada más relató la mitad de ellos.

Empecemos este viaje fascinante, por cada una una de estas ciudades...

LAS CIUDADES INVISIBLES