sábado, 17 de noviembre de 2012

Calvino narraciones Ítalo extraordinarias y Las de increíbles



Si el título de esta entrada le parece extraño, es porque no ha leído algo de Ítalo Calvino. Cada capítulo de un libro parece tener vida propia. No sólo en “las ciudades invisibles”, sino en su texto cumbre “Si una noche de invierno un viajero”  novela anterior. El código se establece al interior de cada historia, que en definitiva se entreteje una con otra.

Ah, también puede ser que esta entrada del Blog sea la primera y no la anterior, aunque está también podría ser la última y de ahí comenzar para atrás o hacía adelante.

Las partes de cada uno de las novelas parecen ser dispares, desarrollarse por su lado, pero en definitiva llevan a un mismo lugar. A Calvino se entra con un poco de angustia y expectativa por todo lo que se dice, por haber leído algo de sus ensayos, por entrar desde algún lado a “Por qué leer a los clásicos" (si es necesario releer pinche el link anterior), y sólo por saber que al otro lado de la pluma estuvo él, tras de todo esto que parece una locura.

Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino, Si una noche de invierno un viajero. Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida. Dilo en seguida, a los demás: « ¡No, no quiero ver la televisión!» Alza la voz, si no te oyen: « ¡Estoy leyendo! ¡No quiero que me molesten!» Quizá no te han oído, con todo ese estruendo; dilo más fuerte, grita: « ¡Estoy empezando a leer la nueva novela de Ítalo Calvino!» O no lo digas si no quieres; esperemos que te dejen en paz.
Adopta la postura más cómoda: sentado, tumbado, aovillado, acostado. Acostado de espaldas, de costado, boca abajo. En un sillón, en el sofá, en la mecedora, en la tumbona, en el puf. En la hamaca, si tienes una hamaca. Sobre la cama, naturalmente, o dentro de la cama. También puedes ponerte cabeza abajo, en postura yoga. Con el libro invertido, claro[1]

Seguro se lee con rapidez cada línea y hasta se comienza a hacer caso; Calvino domina hasta corpóreamente. Para acabar de completar con el tono ascendente del mandato levanta y juega con las cosas que anhela el lector, tal vez desestimándolo o simplemente como un reto.

“No es que esperes nada particular de este libro en particular. Eres alguien que por principio no espera ya nada de nada. Hay muchos, más jóvenes que tú y menos jóvenes, que viven a la espera de experiencias extraordinarias; de los libros, de las personas, de los viajes, de los acontecimientos, de lo que el mañana guarda en reserva. Tú no. Tú sabes que lo mejor que uno puede esperar es evitar lo peor. Esta es la conclusión a la que has llegado, tanto en la vida personal como en las cuestiones generales y hasta en las mundiales. ¿Y con los libros? Eso es, precisamente porque lo has excluido en cualquier otro terreno, crees que es justo concederte aún este placer juvenil de la expectativa en un sector bien circunscrito como el de los libros, donde te puede ir mal o ir bien, pero el riesgo de la desilusión no es grave”.[2]

Casi que da un mazazo en la cara para dejar un aturdimiento en el lector. En las ciudades invisibles al menos da unas pistas iniciales. Las ciudades tienen nombres de mujeres y se desarrollan por ejes.


De las ciudades y la memoria,  se entra a Diomira, “quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freiduras, y desde una terraza un mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices”[3]

Diomira parece ser la mujer del recuerdo común, de todas las personas; en una ciudad que muchos ya han recorrido y que seguro recuerdan porque no es diferente de las demás. Puede ser una ciudad cualquiera o puede ser una inexistente que sólo está en un recuerdo de madrugada.


Luego se llega a Isidora en medio de ciudades y la memoria,  “La ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora se llega a edad avanzada”[4], por supuesto es la ciudad del anhelo, para llegar a ella se debe hacer un recorrido extenso por tierras agrestes con un sentimiento de que una ciudad lo espera, a ella se llega finalmente.

Las ciudades y el deseo, se presentan con Dorotea la ciudad que podría ser la de la espera. “Aquella mañana en Dorotea sentí que no había bien que no pudiera esperar de la vida. (…) pero ahora sé que éste es sólo uno de los tantos caminos que se me abrían aquella mañana en Dorotea”[5]

Haga un recorrido por Zaira

Zaira de las ciudades y la memoria, se compone de los espacios físicos y mentales. De las relaciones que hay en cada uno de los casos. Podría ser entre los recuerdos, los conocimientos y los sueños. “La ciudad no está hecha de esto, sino de relaciones entre la medidas de su espacio y los acontecimientos de su pasado: la distancia hasta el suelo de una farola y los pies colgantes de un usurpador ahorcado (…) pero la ciudad no dice su pasado, lo contiene como la líneas de una mano, escrito en las esquinas de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, cada segmento surcado a la vez por arañazos, muescas, incisiones, comas”.[6]







[1] Calvino Ítalo, Si una noche de invierno un viajero. Pág. 5. Brugera 1980
[2] Ibídem.
[3] Calvino Ítalo, Las ciudades invisibles. Pág. 19. Millenium 1999.
[4] Ibídem.
[5] Ibídem. Pág. 20
[6] Ibíd. Pág. 21.

1 comentario:

  1. Con respecto al orden del blog, es muy fácil saberlo debido a la fecha y hora que queda registrada en la entrada. =)

    Me surgen más preguntas que comentarios de la obra, siento que no puedo dar mi opinión todavía, tengo como tarea pendiente Releerla. Mis preguntas son: ¿te gusto el libro?, ¿cómo fue tu experiencia lectora, cumplió tus expectativas?

    ¿Quién es tu Diomira? (“parece ser la mujer del recuerdo común, de todas las personas”), ¿quién tu Isidora? (“La ciudad de sus sueños, la ciudad del anhelo”), ¿quién tu Dorotea? (“la ciudad que podría ser la de la espera”) y finalmente ¿quién tu Zaira? (“entre los recuerdos, los conocimientos y los sueños”).

    ¿Se podría clasificar la obra como una de fantasía, ficción?

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